En la vida hay fechas que nos marcan para siempre. El día que conocemos al amor de nuestra vida, el día que nos graduamos o cuando cumplimos la mayoría de edad.
En realidad, son muchos los momentos que determinan y dan forma a nuestro futuro y presente. Yo, de hecho, no he vivido ninguno de los tres que enumeré; me faltan dos años para graduarme y alcanzar la mayoría de edad y quién sabe cuántos para encontrar al amor de mi vida.
Sin embargo, uno de los días que marcó mi vida fue el 15 de Enero del 2021. Ese día recibí la primera de cientos de amenazas de muerte, hostigamientos, calumnias e injurias que hasta el día de hoy perduran y permanecen en completa impunidad.
Cuando tenía 9 años fundé un movimiento en defensa de nuestro derecho a habitar un planeta limpio, sano y digno, cuyo nombre es Guardianes por la vida y cuyas acciones llegan a miles de niños de diversos territorios de Colombia y del mundo.
Durante un año y medio con los niños y niñas de mi movimiento hicimos plantones, movilizamos firmas, hicimos incidencia política, sembramos árboles en iniciamos procesos de educación ambiental.
El 15 de enero de 2021 recibí una macabra amenaza que cambió mi vida por completo: me hizo conocer el miedo, la indignación y la tristeza, también la maldad de la condición humana. Durante unos meses esta persecución fue aumentando con señalamientos mentirosos hacia mí y mi labor y que en un país como Colombia pueden costar la vida.
A raíz de lo insoportable e insostenible de la situación tuve que dejar mi país y dirigirme al exilio.
Cuando se migra de manera voluntaria, este hecho genera alegría y esperanza. Migrar contra la voluntad y para proteger la vida es uno de los hechos más duros y tristes. Sales de tu país con una maleta, no sabes cuándo podrás regresar, te desarraigas de las cosas que conoces y de la gente a la que amas.
Tuve la fortuna de contar con una red de apoyo fuerte que me ha cuidado a lo largo de estos años. Hoy vivo en Catalunya, el sitio que considero ahora mi hogar, tengo amigos y compañeros de sitios tan diversos como Ucrania, China y Marruecos y veo el mar Mediterráneo que une tantas culturas antiguas. Pero cada día de mi vida pienso en las montañas de los Andes que veía antes de ese aciago día, en el arroyo que pasaba por detrás de mi casa en Villeta, en mis abuelos a quienes sólo he visto ocasionalmente desde que me fui, en mis compañeros quienes luchan junto a mí en la distancia y codo a codo
He continuado estudiando y creciendo en otros idiomas y en otra cultura y pese a la distancia, el tiempo y la adversidad de la situación no he detenido mi compromiso por la justicia climática y los derechos de la naturaleza. Sigo en pie y seguiré así mientras sea necesario.
Del mismo modo, he alzado mi voz por la justicia y el respeto de la vida de los defensores. He ido hasta Naciones Unidas, la CIDH o la CEPAL para denunciar la impunidad y la injusticia de estos casos, así como la incompetencia de nuestros Estados.
Hoy sigue sin haber un solo responsable que rinda cuentas tanto por la primera amenaza, como por ninguna de las miles que la han precedido en todo este tiempo.
Mi caso no es uno aislado. No es una situación individual ni mucho menos. Se trata de un problema estructural. Y con ello no solo me refiero a la violencia per se, también a la negligencia, indiferencia y complicidad del Estado colombiano, el cual en ningún momento fue garante de mis derechos.
No se trata de un gobierno o de un gobernante: ninguno ha estado a la altura de las circunstancias con relación a la persecución que enfrentan los defensores de la tierra, del ambiente, del agua y de la vida en Colombia. El Estado colombiano hoy tiene una profunda deuda con quienes defienden el derecho a habitar un mundo sano, limpio y digno. Sueño con el día en que podré regresar a Colombia, me imagino constantemente el momento en que aterrice en el aeropuerto El Dorado viendo la sabana cundinamarquesa, un lugar que no tiene nada que envidiar a la campiña suiza ni a ningún lugar del mundo.
Por ahora y mientras mi caso como el de miles de personas continúe en la impunidad no será posible. Mientras eso pasa, seguiré denunciando, incidiendo, motivando y trabajando porque este mundo y mi país sean lugares justos que amen la vida – y donde su defensa no solo sea la muletilla de esloganes políticos bonitos – e imaginándome cómo será regresar a los cafetales de la casa de mis bisabuelos en Mave.
A esta tierra hermosa y pujante que me recibió y me ha acogido y que ahora es mi hogar que amo y honro, toda mi gratitud y mi respeto.
El día que regrese a mi país será otro día de esos que marcan la vida para siempre.
Colaboración escrita por: Dra. Tania Durán Pulido. MD. Especialista y Msc. En Maestría en Bioética
Cómo médica y bioeticista latinoamericana no puedo permanecer callada ante lo sucedido en la región. Expreso una profunda preocupación frente a los hechos recientes de violencia armada y sus consecuencias sobre la población civil.
En escenarios de conflicto, la prudencia debe asumirse como una responsabilidad ética ineludible, orientada a prevenir daños previsibles y a salvaguardar la vida y la dignidad de todos los seres sintientes como valores no negociables.
La solidaridad, la compasión y el amor entendidos como disposiciones morales necesarias para la justicia, permiten reconocer a los otros como fines en sí mismos y no como medios para objetivos estratégicos. Sin estas disposiciones, la deliberación pública se empobrece, la violencia se normaliza y la justicia pierde su anclaje humano. La ausencia de una mirada compasiva debilita la capacidad colectiva de responder éticamente al sufrimiento evitable.
Desde la bioética se reafirma la primacía del respeto por la dignidad humana, la justicia, la equidad y la protección de las personas y grupos en situación de vulnerabilidad. Subordinar estos principios a intereses políticos, económicos o geoestratégicos compromete gravemente la legitimidad moral de las decisiones y profundiza la injusticia.
Hago un llamado a la contención, al respeto del derecho internacional humanitario y a la búsqueda de salidas dialogadas que prioricen la protección de todas las formas de vida con una mirada ecocéntrica en dónde prevalezca también la protección de las generaciones futuras.
La bioética nos enseña que no todo lo políticamente viable es éticamente aceptable y que la responsabilidad se expresa, también, en la capacidad de sostener una justicia animada por el reconocimiento, la compasión y el cuidado por la humanidad compartida.
Referencias
– Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, UNESCO.
2025 fue un año intenso y difícil para la defensa de los derechos humanos y del planeta. De esos que retan y desafian. Y justo por eso, en días como hoy —el último día del año— vale la pena detenernos, mirar atrás y reconocer todo lo vivio.
Fue un año desafiante en muchos sentidos, en medio de un contexto geopolítico hostil, violento e injusto. Pero también fue un año que nos recordó que lo que hacemos de manera colectiva importa, aunque muchas veces no parezca.
En 2025 seguimos tomándonos las calles, las aulas, los parlamentos y cada espacio posible para defender la vida, los derechos humanos y la dignidad.
Desde Guardianes por la Vida avanzamos desde la educación climática, ciudadana y ambiental. Llegamos a más de 1.200 niños y niñas en 14 departamentos de Colombia, gracias al liderazgo invaluable de las y los docentes de nuestra Red de Escuelas Guardianes por la Vida. Docentes que educan para la vida todos los días, muchas veces en silencio, sin aplausos pero sembrando conciencia en una generación —mi generación— que aprende a amar, cuidar y defender la vida.
En 2025 participamos en el proceso de evaluación del Estado colombiano ante el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas. En Ginebra alzamos la voz para decir evidenciar las violaciones a los derechos de niños y niñas defensoras del ambiente, del territorio y de los derechos humanos. Conocimos gente increíble que está defendiendo su territorio. Hablamos claro. Señalamos las omisiones del Estado. Y, aunque el proceso aún no termina —culminará en enero con la evaluación final—sabemos que nuestras voces fueron escuchadas.
En junio lideramos una Audiencia Pública en el 193° período de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para visibilizar la situación de la niñez defensora en América Latina y el Caribe. Fue una audiencia histórica que sentó un precedente continental y que sabemos que nos permitirá avanzar en la defensa de nuestros derechos.
Fuimos también testigos de la presentación de la primera Opinión Consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre crisis climática y derechos humanos, un proceso en el que participamos como Movimiento en 2024, aportando más de 1.200 opiniones de niños y niñas de Colombia que expresaron lo que nos mueve a luchar: el clima importa porque la vida importa.
Acompañamos además la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia en La Haya, donde se reconoció la equidad intergeneracional como un pilar de la justicia climática. Dos hitos que no llegaron solos, sino empujados por años de lucha, terquedad y organización colectiva, impulsados por jóvenes valientes de las islas del Pacífico que decidieron no aceptar la injusticia sino transformarla.
Sembramos árboles. Construimos huertas de la ecoesperanza. Reivindicamos nuestro derecho a habitar un planeta sano, limpio, digno y en paz, en un mundo que insiste en llevarnos de nuevo a guerras que creíamos superadas —y a las que mi generación no quiere volver—. Demostramos que incluso en los contextos más difíciles es posible levantarse y tomarse la injusticia como algo personal. Y que cuando nos ponemos de acuerdo y nos levantamos los cambios llegan.
Fortalecimos lazos de solidaridad con niños y niñas que viven los horrores de la guerra y el genocidio en Gaza. Promovimos procesos de educación ciudadana y climática en lugares tan diversos como Colombia, España y Japón, recordando que la defensa de la vida y del planeta no tiene edad, ni nacionalidad. Todos habitamos este planeta lleno de fronteras imaginarias.
Gracias a las y los docentes de nuestra Red de Escuelas Guardianes por la Vida, a quienes hacen parte del Movimiento y a todas las personas que sostienen la ecoesperanza y la usan como motor de cambio.
Deseo para ustedes un 2026 en el que hagamos la paz con la vida y entre nosotros, hijos e hijas de un mismo planeta.
Francisco Vera, el colombiano, fue el primer niño en hablar ante un organismo de la ONU sobre el cambio climático y ahora inspira a los jóvenes a actuar por un futuro justo, solidario y ecológicamente equilibrado. Al salir del Pabellón de la Infancia y la Juventud, un espacio en la COP30 que busca amplificar las voces y promover acciones en las políticas climáticas globales dirigidas a la infancia y la juventud, un joven de 16 años concedía una entrevista a un canal de televisión colombiano. Francisco Veras llama la atención dondequiera que va. En 2021, en la COP26 de Glasgow, Reino Unido, su rostro y su voz eran prácticamente solitarios en los pasillos de la conferencia climática de la ONU, donde no se veía a ningún niño. En la COP30, en Belém, el joven activista ambiental colombiano ya no está solo. Otros 170 niños participan en la reunión , en un llamamiento a los gobiernos de todo el mundo para que consideren políticas de adaptación y resiliencia dirigidas a la infancia.
Para Francisco, ampliar este espacio para escuchar e involucrar a los niños es un hito. “Los niños son los más afectados por la crisis climática, en su salud, educación e incluso en su propia supervivencia. Sus derechos fundamentales están en peligro, al igual que su dignidad y sus vidas”, declara a One Planet .
Él subraya que hablar de las personas más vulnerables a la crisis climática exige no solo reconocer a los niños como parte de este grupo, que también incluye a mujeres y personas mayores, sino también como sujetos de derechos. «Los niños tienen voz, pero quienes toman las decisiones no los escuchan. Y eso tiene que cambiar. No se trata solo de mostrar solidaridad con las víctimas de la crisis climática, sino de buscar justicia. La solidaridad es la puesta en práctica de la justicia», afirma, citando al obispo catalán Pedro Casaldáliga, quien vivió en Mato Grosso y abogó por la demarcación de tierras indígenas.
El joven señala que la escasa presencia de niños en las conferencias climáticas de la ONU es un hecho histórico. “En la COP26 no había ni un solo niño. Los espacios de participación se crearon para jóvenes adultos, estudiantes universitarios, casi profesionales. ¿Pero qué pasa con los menores de 18 años? ¿Y con la primera infancia? ¿Dónde están sus voces?”, pregunta.
Fue en la COP27 de Egipto donde se creó el primer Pabellón de la Infancia y la Juventud. «En esa COP, por primera vez un niño o niña intervino en negociaciones internacionales, no solo en los pabellones, que a veces parecen una feria. Fui yo quien habló en ese momento», recuerda Francisco, refiriéndose a la histórica intervención que realizó durante las sesiones formales de la conferencia.
A partir de ahí, la agenda cobró impulso, al igual que la lucha. En 2024, en Bonn, un órgano subsidiario de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Clima que funciona como reunión preparatoria técnica y diplomática para la COP, se celebró por primera vez un diálogo de expertos sobre la infancia y el cambio climático, el “Diálogo de Expertos sobre la Infancia y el Clima”, en el que participó Francisco. “En 30 años, ni un solo día se había dedicado a hablar de la infancia. Esto demuestra lo reciente, pero fundamental, que es nuestra presencia”, señala.
Para los jóvenes colombianos, la protección de la infancia debería ser un punto central en la agenda de las negociaciones climáticas, no solo una cuestión secundaria.
«Cuando un niño está alimentado, protegido y escuchado, todos ganamos como sociedad y como humanidad», resume.
Francisco también destaca la importancia de la financiación climática. Según UNICEF, solo el 2,4% de los fondos multilaterales para el clima se destinan a iniciativas dirigidas a la infancia. «Es necesario aumentar considerablemente esta cantidad, y no solo en términos monetarios. Es fundamental que la voz de la infancia se incluya en la planificación, la ejecución y todas las fases de los proyectos», afirma.
Según él, los jóvenes también han estado exigiendo que el 5% de la financiación mundial se destine directamente a iniciativas lideradas por jóvenes.
“Los jóvenes ya están haciendo cosas increíbles sin dinero. Imaginen el impacto que podrían tener con apoyo institucionalizado, con recursos reales. Es una cuestión de equidad intergeneracional”, afirma.
En la COP30, Francisco expresó su entusiasmo por la celebración del evento en América Latina y la posibilidad de una mayor participación popular. “Esta es una COP más abierta, y cuenta con la COP de los Pueblos. Ayer participé en la plenaria mundial de la juventud, con cerca de 400 jóvenes. Estaban presentes la Primera Dama, ministros y muchos jóvenes entusiastas. Es hermoso ver que esto sucede aquí”, comentó.
También celebra el regreso de las movilizaciones callejeras, que se habían suspendido en las últimas ediciones por motivos de seguridad. Las tres últimas ediciones de la COP se celebraron en países autoritarios. «Después de tres años, podremos volver a marchar. Estamos muy contentos por ello».
Apasionado por la naturaleza, los animales y el planeta, Francisco participa activamente en otras causas como la prohibición de la experimentación con animales, el fin de los plásticos desechables y la prohibición del fracking. En 2020, fundó el movimiento Guardianes de la Vida , que reúne a más de 500 niños colombianos en apoyo del liderazgo juvenil, la conciencia ambiental y la educación climática. Dos años después, redactó la “Declaración Conjunta de #EcoHope”, que aboga por la participación infantil en las decisiones sobre el cambio climático y fue presentada ante la ONU y la Unión Europea. También escribió el libro “Pregúntale a Francisco: ¿Qué es el cambio climático?”, con el que busca inspirar a otros niños a comprender la crisis climática y creer en un futuro mejor. El pequeño Francisco se ha convertido en un joven portador de esperanza.
(Publicado originalmente en el Periodico “El Espectador” del 16 de septiembre de 2025)
POR:
Francisco Javier Vera Manzanares – Activista y defensor de derechos humanos.
Hace dos semanas el moll de la fusta, un emblemático sitio en el puerto de Barcelona fue el epicentro de una gran movilización social que congregó a miles de personas entre banderas y consignas y bajo el radiante e insolente sol de final del verano europeo: despediamos a la Global Sumud Flotilla. Más de veinte embarcaciones y más de trecientas personas que se encontrarán con otras treinta embarcaciones y unas trescientas personas más sobre la ruta, zarpaban con destino a Gaza en lo que se considera la mayor misión humanitaria de este momento, con el objetivo de romper el bloqueo impuesto por Israel a Gaza y que está llevando a que un pueblo esté muriendo de hambre ante los ojos aterrados del mundo.
Tuve el honor de acompañar y despedir a las integrantes de la delegación colombiana en la Flotilla de la libertad, un grupo de valientes y comprometidas ciudadanas que se embarcaron a esta travesía hasta la otra punta del Mediterráneo cargadas de alimentos, medicina y mucha determinación para conseguir su objetivo.
Y justamente quiero hablar de eso: de lo que significa que en medio de un contexto global tan dificil en el que la vida está valiendo tan poco, sean personas comunes y corrientes – con destacadas excepciones como Mark Ruffalo y Greta Thunberg – quienes deciden subirse a un barco y surcar un mar para demostrar la solidaridad con un pueblo que está sufriendo.
En una sociedad profundamente individualista y materialista en la que se prioriza el rendimiento económico por sobre el valor de la propia vida y en la que incluso no hay un consenso sobre lo que Harendt llamó “la banalidad del mal” , que seres humanos se levanten para señalar algo que en su conciencia y corazón consideran injusto enfrentándose a múltiples riesgos, es una muestra de que no hemos fracasado como humanidad: mientras exista solidaridad entre personas, pueblos y naciones y mientras sigamos levantando nuestras voces ante lo injusto con valentia, hay esperanza.
A quienes con voz critica preguntan por qué Gaza y no el Catatumbo, no el Cauca, no el Congo, Ucrania o Sudán o cualquiera de los cincuenta y seis conflictos bélicos que tiene lugar en este momento en el mundo según el Indice Global de Paz, quiero decirles que estamos viendo a través de nuestras pantallas como se está eliminando a un pueblo y que el corazón no es tan pequeñito como para únicamente poder solidarizarse con quienes se encuentran cerca geográficamente. Cuando comprendemos que en muchos sitios del planeta estamos viviendo opresiones y dolores y empatizamos nos volvemos más humanos y posiblemente podamos empezar a construir la paz que requiere con urgencia este mundo, esta especie y especialmente esta generación: mi generación.
Adenda: A las compatriotas que van rumbo a Gaza y a la delegación en tierra: ¡Gracias!
Escrita por Santiago Flores Medina y Mayra Stefanía Gómez Gónzalez*
La memoria es un acto vivo de reivindicación que nos exige mirar al pasado para construir un futuro con presente. Implica llevar a cabo un proceso de revalorización, de reimaginación y de reinvención, en medio de un clima político cada vez más hostil con quienes se resisten a levantarse en armas en contra de la naturaleza. En un mundo permeado por necesidades insatisfechas y por sistemas de opresión que las reproducen, enemistarse con la naturaleza se convirtió en la nueva norma. En una falsa promesa de desarrollo que legitima y sostiene una cultura basada en beneficios efímeros y costos permanentes. Una y otra vez los hechos nos demuestran que estas necesidades se extienden y evolucionan, mientras nos desentendemos de los valores universales que han sostenido la vida desde tiempos ancestrales. Valores que nuestros defensores y defensoras habitan en la cotidianeidad desde sus cuerpos, a menudo pagando un alto precio en beneficio de todas y todos nosotros.
Frente a una crisis climática sin precedentes, la reconciliación con la naturaleza es la única manera de mantenernos vivos. Es el acto de dignificar la lucha territorial que ha sido violentada, reprimida y criminalizada. Es el gesto de devolverle a las niñas, niños y adolescentes la certeza de que sus risas podrán seguir sonando entre ríos limpios y bajo cielos despejados. Y es, también, la reconciliación con nosotros mismos y con quienes vendrán después, porque salvarnos a nosotros implica salvarnos a todas y todos.
En este horizonte emerge la Ecoesperanza: un concepto acuñado por el activista Colombiano por la justicia climática, Francisco Vera Manzanares, que se erige como la única solución capaz de sostener la vida en el planeta. La Ecoesperanza es un acto de resistencia que germina desde la niñez y la juventud, quienes se reconocen a sí mismos como sujetos políticos al servicio de la vida. Es en su valentía que encuentran un llamado a transformar la incertidumbre en acción, la indignación en siembra, y la urgencia en compromiso. Allí donde la crisis climática amenaza con fracturar los cimientos de lo humano, la Ecoesperanza brota como raíz que se aferra a la tierra y a la posibilidad de futuro.
La presente declaratoria comprende una serie de compromisos estudiantiles, asumidos desde la certeza de que no hay transformación sin acción colectiva. Estos compromisos nacen del diálogo intergeneracional y de la convicción de que la juventud no puede seguir siendo espectadora de un guión escrito por terceros ajenos a su realidad. Nos convocamos a trascender los gestos simbólicos, a construir capacidades, a fortalecer la gobernanza horizontal y a ejercer la corresponsabilidad en la conservación del medio ambiente y de los territorios que nos sostienen.
Nuestra siembra de Ecoesperanza nos invita a una transición justa, que no deje a nadie atrás y que reconozca la diversidad de impactos que la crisis climática impone según el género, la etnia y la
clase. Asumimos, también, la defensa del territorio como un acto de memoria y de dignidad. Reconocemos, además, que las pérdidas y daños —tanto las cuantificables como las no económicas— son heridas que atraviesan comunidades enteras. Por último, hacemos un llamado a reivindicar los derechos de la niñez como el corazón de la acción climática: no se trata de hablar en su nombre, sino de abrir los espacios para que sean ellas y ellos quienes decidan sobre el futuro que habitarán.
«Sembrando Ecoesperanza» es más que una declaratoria. Es un acto de amor radical por la vida. Es reconocer que la memoria nos guía, la justicia nos reclama y la naturaleza nos juzga con el precio de nuestras propias decisiones. Es asumir que, si sembramos hoy, mañana podremos cosechar un futuro fértil, donde ninguna generación quede despojada de su derecho a habitar la tierra.
*Sobre los autores:
Mayra Stefanía Gómez González es una activista por la justicia climática de México. Fue Embajadora de la Ciudad de México en la Red Juvenil por la Agenda 2030 y participó en el programa “Operación COP 2024” de la Cancillería Mexicana. Ha representado a México en diversos foros multilaterales, como el Foro de la Juventud del ECOSOC en las Naciones Unidas. Es fundadora de Climática, un movimiento que impulsa la educación ambiental en América Latina. Actualmente cursa la Licenciatura de Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey.
Santiago Flores Medina es un activista por la justicia climática de México. Fungió como Asesor Climático de México ante la Red Internacional de los Derechos del Niño, publicando sobre el derecho de la niñez a un medioambiente sano, limpio y sostenible. En 2022 representó a la juventud de México en la COP 27 y en 2023 en el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible. Actualmente cursa la doble Licenciatura de Derecho y Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey.
Hace ochenta años, la humanidad fue testigo del horror absoluto: por primera vez, las armas de destrucción masiva se usaron contra poblaciones enteras. Cerca de 120.000 vidas fueron extinguidas en cuestión de segundos, y durante días, semanas y años después, la radiación continuó cobrando víctimas silenciosas. Aquel momento marcó un descenso a las profundidades más oscuras de nuestra historia, una herida abierta en la conciencia humana.
Y, sin embargo, me asalta una pregunta inquietante: después de ocho décadas intentando erigir un mínimo código de respeto por la vida, especialmente la de los civiles, y aún más la de los niños —seres absolutamente indefensos, sin capacidad de hacer daño, cuya inocencia debería ser un santuario inviolable—, ¿hemos avanzado realmente? ¿O seguimos justificando lo injustificable, olvidando que al fallarles a ellos nos fallamos como especie?
En castellano existe la expresión “tocar fondo”, usada para señalar el momento en que alcanzamos el culmen de la barbarie humana. Si en 1945 tocamos fondo como humanidad, y hoy lo volvemos a hacer, cabe preguntarse: ¿es este fondo de la misma profundidad?
No. Hoy hemos descendido a un abismo mucho más hondo y doloroso. Hace ochenta años no existían instrumentos internacionales creados específicamente para impedir lo que hoy sucede en Gaza y Cisjordania. Hace ochenta años no había una llamada “comunidad internacional” con capacidad —al menos teórica— de actuar. Hace ochenta años no existían cámaras que transmitieran, minuto a minuto, el sufrimiento, la destrucción y la muerte.
Hoy sobre el conjunto de la humanidad recae una responsabilidad considerablemente más grave. Hoy, 9 de Agosto del 2025, existe mayor respeto hacia la vida de los animales en ciertos países que hacia la vida de Palestinos.
Liberen los rehenes. Detengan la ofensiva israelí sobre Gaza. Paren el genocidio. Permitan la entrada de ayuda humanitaria. Liberen a los palestinos. Créditos de fotografía: Amnistía Internacional
En esta Audiencia que en palabras del Presidente de la CIDH fue histórica, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos acogió el llamado a reconocer y fortalecer los derechos de niños, niñas y adolescentes defensores de derechos humanos y especialmente del derecho humano a un ambiente sano, limpio y digno.
La CIDH valoró la valentía y el compromiso de los niños, niñas y jóvenes como personas defensoras de derechos humanos y subrayó la importancia de adoptar medidas diferenciadas para protegerlos frente a los riesgos que enfrentan, incluida la violencia digital.
En las últimas décadas, la crisis climática se ha profundizado hasta poner en riesgo el presente y el futuro de la humanidad, lo cual ha sido recientemente la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Internacional de Justicia al afirmar que el cambio climático es un riesgo universal existencial. La crisis ambiental, y en particular el aumento de la temperatura global más allá del umbral de 1.5°C, —impulsado tanto por gases de efecto invernadero de larga duración como por gases de vida corta como el metano y el ozono troposférico que tienen un mayor potencial de calentamiento y por ende repercuten en mayor medida— amenaza directamente la vida, salud, seguridad alimentaria, acceso al agua, educación y el presente y futuro de millones de personas en el mundo.
Frente a la inacción de los Estados y al avance destructivo de industrias extractivas sobre comunidades y territorios, una nueva generación de defensores se ha alzado. Lo hacen a través de la palabra, la movilización, la organización y la denuncia. Pero por hacerlo, están en peligro.
Francisco Vera Manzanares, un adolescente de apenas 16 años, tuvo que abandonar su país a los 11 años debido a amenazas relacionadas con su activismo ambiental. Oriundo de Colombia, Francisco ha enfrentado amenazas de muerte, hostigamiento, persecución y acoso digital por defender el medio ambiente en su país, situación que lo forzó a exiliarse en España a su corta edad.
«Cuando recibimos amenazas, el Estado no actúa porque no se nos reconoce como defensores ni como ciudadanos, y esta impunidad solo alimenta la violencia y la represión», afirma Francisco, líder del movimiento Guardianes por la Vida, quienes compareció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) este 22 de julio para denunciar la desprotección de los jóvenes que defienden el ambiente.
Por primera vez, niños y niñas de América Latina llegaron ante la CIDH para hacer una denuncia colectiva por las amenazas, la criminalización y la violencia que sufren por proteger la naturaleza. Exigieron ser reconocidos como lo que ya son: defensores de derechos humanos.
«Una situación a la que se enfrentan los defensores niños, niñas y adolescentes son las estrategias sistemáticas, constantes y construidas con el objetivo de acallar y silenciar las voces de los defensores niños, niñas y adolescentes en las que se combinan varias formas de violencia que muchas veces no se reconocen como tal como la violencia digital y que incluyen señalamientos, campañas de desprestigio a gran escala, difamaciones y daño reputacional, mensajes de odio, hostigamientos y persecución y amenazas por parte de diversos actores.» concluye Francisco.
A la audiencia lo acompañó Joaquín Salinas Atenas, de la ONG Escazú Ahora -organización independiente que trabaja por la protección del medio ambiente y sus defensores en Chile- Oscar Mauricio Capaz Pardo de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, en Colombia conformada por 22 territorios y sus comunidades y Hanna Deavila de Guardianes por la vida.
«Es urgente que los Estados nos escuchen. Exigimos que se reconozca a los niños, niñas y adolescentes como defensores de derechos humanos. Queremos vivir, y queremos hacerlo en un planeta sano», insiste Joaquín.
Por su parte Oscar Mauricio Capaz Pardo relató las difíciles condiciones en las que los niños y niñas indígenas defensores del derecho humano a un ambiente sano se enfrentan en territorios como el Cauca colombiano “Nuestros niños que se encuentran formándose en los semilleros de Guardias dan un lugar seguro y rescatan a los niños y niñas pero nuestra niñez está siendo reclutada; en los últimos tres años se llevaron 616 niñas y niñas indígenas se los llevaron para la guerra; así mismo observamos los homicidios sistemáticos de defensores de derechos humanos indígenas. Para continuar defendiendo nuestro territorio necesitamos la protección del Estado y no con más armas en los territorios sino con salud, educación y cultura. El Estado debe hacer Io que le corresponde”
En la sesión estuvieron presentes los más altos representantes de la CIDH. El presidente de la Comisión valoró “Que la CIDH pueda estar cerca, pueda abrir sus canales, el sentido del trabajo en una estrecha comunicación con niños, niñas y adolescentes” En su intervención reforzó el compromiso que tiene la CIDH en abrir espacios para infancias y juventudes en relación con la resolución sobre niños, niñas y adolescentes emanada desde la propia comisión.
Por otro lado el Comisionado Carlos Bernal señaló: “los niños, niñas y adolescentes necesitan medidas diferenciadas porque están en una situación de vulnerabilidad mayor que las personas mayores, porque la consciencia y defensa de los ddhh tiene formar parte de los curriculums educativos y porque son titulares plenos de la libertad de expresión y libertad de pensamiento que a veces se ve más atacada”
Además señaló que “Me llama la atención que las personas que intervinieron en esta audiencia provienen justamente de los dos países que solicitaron la opinión consultiva de cambio climático a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y me resulta paradójico porque denuncian situaciones de persecución, quizás no estatal, pero persecución y amenazas contra la vida en Estados que supuestamente están interesados en proteger los derechos humanos vinculados a la protección del clima y que sin embargo no tienen unas políticas institucionalizadas de protección de los niños, niñas y adolescentes que han decidido optar a su temprana edad de ser defensores de los derechos humanos del medio ambiente”.
También señaló que “Lamentablemente la Corte Interamericana no se refiere a los niños, niñas y adolescentes en su opinión consultiva y tampoco se refiere a su estatus. Resulta paradójico porque la opinión por una parte habla de los derechos de todos, por otra parte habla de los derechos de las generaciones futuras, pero la Corte no se refiere a los derechos de los niños, niñas y adolescentes, que si bien no son adultos, forman parte de la generación presente y quizás en sus años tardíos de vida van a tener que sufrir consecuencias mucho más fuertes que las que hoy estamos viviendo”.
Cómo consecuencia de esta audiencia la Comisión acogió el llamado a reconocer y fortalecer los derechos de niños, niñas y adolescentes defensores de derechos humanos, escuchando activamente las peticiones realizadas por las organizaciones. Además, desde la REDESCA fue solicitado mantener un contacto constante respecto de documentación de casos.
Considerando los antecedentes expuestos y la urgencia de adoptar medidas para la protección de niñas, niños y adolescentes en América Latina, los representantes de Guardianes por la Vida, Escazú Ahora y la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, solicitaron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que, en el marco de sus atribuciones, lleve a cabo las siguientes acciones:
Reconocer formalmente y promover el reconocimiento por parte de los Estados de las niñas, niños y adolescentes como defensores de derechos humanos, así como su condición de grupo vulnerable que requiere especial protección.
Elaborar un informe regional sobre la situación de niñas, niños y adolescentes defensores de derechos humanos. Este informe debe abordar las distintas formas de violencia que enfrentan en el ejercicio de su labor o en contextos de defensa ambiental, incluyendo un análisis de los riesgos asociados a su activismo e identificando los sectores productivos involucrados en la vulneración de sus derechos y las particularidades del acoso y violencia digital. El informe podría señalar los principales desafíos para la protección de niñas, niños y adolescentes defensores de derechos humanos a la luz de los instrumentos legales y jurisprudencia existente.
Instar a los Estados a establecer mecanismos adecuados de prevención y protección frente a situaciones de violencia dirigidas contra niñas, niños y adolescentes defensores de derechos humanos, considerando de manera específica los contextos particulares a los que se enfrentan
Reconocer por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos inmediatamente la violencia digital como una forma de violencia grave, violatoria de los derechos de la infancia de forma explicita y directa y que genera un daño inmediato a los defensores de derechos humanos.
Atender por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a los Estados, que se atiendan de manera expedita, urgente y con prioridad los casos de defensores niños, niñas y adolescentes del derecho humano a un ambiente sano, limpio y digno entendiendo que el daño que provoca la violencia contra ellos es mayor en razón al momento del ciclo de vida en el que se encuentran.
Solicitar a los Estados, especialmente al Estado colombiano la protección especial de los niños, niñas y adolescentes indígenas defensores del derecho humanos al ambiente sano limpio y digno para que puedan seguir cuidando la vida y el territorio en condiciones dignas y aptas para ello.
La niñez latinoamericana eleva su voz ante la CIDH: Audiencia pública sobre su rol como defensores de derechos humanos
Bogotá, 15 de julio de 2025 –
El próximo 22 de julio a las 8:00 a.m. (hora Colombia) se llevará a cabo una audiencia pública ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la situación de niños, niñas y adolescentes defensores de derechos humanos en América Latina y el Caribe.
La audiencia fue solicitada por el Movimiento Guardianes por la Vida, una plataforma de liderazgo infantil y juvenil en defensa del derecho a un ambiente sano y de la justicia climática, y contará con la participación de Francisco Vera y Hanna de Ávila del Movimiento Guardianes por la Vida, Joaquín Salinas de la Fundación Escazú Ahora – una organización que trabaja por la protección del medio ambiente en América Latina y el Caribe desde 2020 cuya sede está en Chile – y Oscar Mauricio Capaz Pardo de la Asociación de Cabildos indígenas del Norte del Cauca en Colombia, conformada por 22 territorios y sus comunidades.
En los últimos años y ante la urgencia de una crisis climática sin precedentes niños, niñas, adolescentes y jóvenes han tenido que tomar las banderas de la defensa de su presente y futuro; durante los últimos años hemos visto el nacimiento de una movilización global de defensores del derecho humano a un ambiente sano, que a cada vez edades más tempranas alzan sus voces en oposición al aumento de la temperatura, una situación que amenaza su presente y futuro; esta amenaza incluye no solo las emisiones de gases de efecto invernadero a largo plazo, sino también los gases de vida corta, como el metano, el ozono troposférico y los hidrofluorocarbonos, que tienen un impacto climático inmediato y agravan la contaminación del aire que afecta gravemente la salud de la infancia; sin embargo, especialmente en la región de América Latina y el Caribe la defensa del territorio, del planeta y del ambiente puede incluso costar la vida como lo demuestran estadísticas como la de Global Witness y los diversos reportes de la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas en la región, que la posicionan como la “más peligrosa del mundo” para denunciar la injusticia climática y ambiental.
En ese sentido esta Audiencia Pública busca abordar los riesgos a los que se enfrentan los defensores de derechos humanos niños, niñas y adolescentes, particularmente aquellos que defienden el territorio, el ambiente y el clima sano.
En este espacio, se presentarán testimonios sobre la criminalización, amenazas, estigmatización, campañas de desprestigio, falta de reconocimiento institucional y la ausencia de rutas de protección diferencial que enfrentan niños, niñas y adolescentes que ejercen su derecho a defender el territorio y el ambiente. Se destacará la urgencia de incorporar una mirada interseccional y generacional en las políticas públicas de derechos humanos y justicia climática especialmente en Colombia que ha sido catalogado por Global Witness por dos años consecutivos como el país más mortifero para defender la tierra y el medio ambiente.
«Necesitamos un sistema de justicia que nos reconozca a los niños, niñas y jóvenes como defensores de derechos humanos y del derecho humano a un ambiente sano y digno. Cuando recibimos amenazas, el Estado no actúa porque no se nos reconoce como defensores ni como ciudadanos, y esta impunidad solo alimenta la violencia y la represión» afirmó Francisco Javier Vera, quien será uno de los voceros durante la audiencia.
Este evento representa un paso fundamental hacia el reconocimiento legal, político y social de la niñez como sujetos activos en la defensa de los derechos humanos y del planeta.
Esta semana se celebró tu día y yo me alegro de todo corazón por tu existencia. Eres el protagonista de nuestro planeta: nos das alimento, nos das oxígeno, absorbes los gases de efecto invernadero, nos nutres y proporcionas belleza al mundo. Pero también me entristece ver con nuestra avaricia que cada día se vierten toneladas de basura en tus aguas, que el arrecife de coral se está blanqueando, que estás lleno de microplásticos.
Eres el punto de encuentro de civilizaciones de todo el mundo, eres desconocido para nosotros en la superficie, eres nuestra fuente de oxígeno, eres el hogar de miles de especies que aún no conocemos, eres también un reflejo de eco-esperanza por tu resiliencia frente a nuestra degradación.
Un ecosistema tan bello como el tuyo debe ser cuidado a través de acuerdos internacionales, el multilateralismo y amado con el corazón de cada uno de nosotros. Cada día hay voces que luchan por ti. Manos que limpian tus costas. Niños y niñas que sueñan con mares limpios y sanos, ciudadanos que defienden a las ballenas como las que vi un día en Tenerife.
Prometo seguir queriéndote y cuidándote, seguir buceando para conocerte y seguir alzando mi voz para protegerte.