Colaboración escrita por: Dra. Tania Durán Pulido. MD. Especialista y Msc. En Maestría en Bioética
Cómo médica y bioeticista latinoamericana no puedo permanecer callada ante lo sucedido en la región. Expreso una profunda preocupación frente a los hechos recientes de violencia armada y sus consecuencias sobre la población civil.
En escenarios de conflicto, la prudencia debe asumirse como una responsabilidad ética ineludible, orientada a prevenir daños previsibles y a salvaguardar la vida y la dignidad de todos los seres sintientes como valores no negociables.
La solidaridad, la compasión y el amor entendidos como disposiciones morales necesarias para la justicia, permiten reconocer a los otros como fines en sí mismos y no como medios para objetivos estratégicos. Sin estas disposiciones, la deliberación pública se empobrece, la violencia se normaliza y la justicia pierde su anclaje humano. La ausencia de una mirada compasiva debilita la capacidad colectiva de responder éticamente al sufrimiento evitable.
Desde la bioética se reafirma la primacía del respeto por la dignidad humana, la justicia, la equidad y la protección de las personas y grupos en situación de vulnerabilidad. Subordinar estos principios a intereses políticos, económicos o geoestratégicos compromete gravemente la legitimidad moral de las decisiones y profundiza la injusticia.
Hago un llamado a la contención, al respeto del derecho internacional humanitario y a la búsqueda de salidas dialogadas que prioricen la protección de todas las formas de vida con una mirada ecocéntrica en dónde prevalezca también la protección de las generaciones futuras.
La bioética nos enseña que no todo lo políticamente viable es éticamente aceptable y que la responsabilidad se expresa, también, en la capacidad de sostener una justicia animada por el reconocimiento, la compasión y el cuidado por la humanidad compartida.
Referencias
– Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, UNESCO.
– Nussbaum, M. Las emociones políticas.
