El planeta necesita educación para la vida

Nuestro planeta se debate entre la vida y la muerte de las especies que lo habitan”. Es así como comienza la Declaración de la Ecoesperanza, un manifiesto que hemos movilizado en más de 12 países de tres continentes en el que proponemos diferentes medidas para contrarrestar la mayor amenaza para la humanidad en estos momentos: el cambio climático.

Adaptación y mitigación al cambio climático, inclusión de los más jóvenes en la toma de decisiones y educación ambiental –una de las soluciones más efectivas con las que contamos– son unas de las propuestas más importantes que contiene este manifiesto.
Y es que la situación actual que está sufriendo nuestra casa común debido al cambio climático es de tal magnitud que el año pasado padecimos las temperaturas más altas desde que se tienen registros, muestra de un problema cada vez más evidente y que tiene repercusiones globales con gigantescos impactos en la estabilidad planetaria.

Ahora mismo la Tierra se debate entre varias crisis al mismo tiempo; no solamente es la climática, también son las guerras, la pobreza y la desigualdad, así como los problemas sanitarios y de acceso al agua potable, entre muchos otros, los que exigen atención urgente. Pero de todas estas emergencias, eso sí, la más grave y preocupante es la climática, y es simple de explicar: el cambio climático es mucho más que la intensificación de fenómenos meteorológicos extremos, como está sucediendo con el fenómeno de El Niño en Colombia; durante esta semana hemos visto literalmente arder ecosistemas amados de nuestro país, como los páramos, con mucho desasosiego.

Ante un panorama como el de esta semana, que genera pesimismo e impotencia, siempre podemos recurrir a la ecoesperanza, que nos enseña que la vida siempre renace.

El cambio climático conlleva una amenaza existencial, y a diferencia de otros dilemas que pueden solucionarse con voluntad humana, este clava sus pezuñas de manera más profunda, generando pérdidas y daños irreversibles. Ejemplo de ello es la crisis provocada por la pérdida de biodiversidad, que es el más grande patrimonio que tenemos.

Prácticamente somos gracias a los elementos que la naturaleza nos provee; sin embargo, hemos construido un modelo de producción y consumo que se ha dedicado a explotar los elementos de la Tierra como si fueran infinitos, de la mano de la avaricia, el egoísmo y un pensamiento individualista. Crisis planetaria es el término que desde la ciencia se ha acuñado para definir la situación global actual, llena de incertidumbre y conflictos, y es un concepto que nos permite entender que los problemas y las soluciones de nuestra sociedad están conectados integralmente entre sí: sin justicia social no hay justicia climática, sin dar el valor adecuado a la vida no habrá paz, y sin acción climática no habrá estabilidad ni social ni económica.

En ese contexto de múltiples crisis que amenazan a la vida en todas sus manifestaciones desde diversos frentes y en una sociedad que, además, le ha declarado una guerra sin tregua al planeta, es necesario buscar soluciones que promuevan una transformación estructural y para ello contamos con una muy poderosa: la educación ambiental, cuyo día se conmemoró el pasado 25 de enero.

Pero es necesario aclarar que educación ambiental no se reduce a una cátedra, sino a una conciencia colectiva con la que se enseña a cuidar la vida y se construye una sociedad biocéntrica; todos tenemos un rol en este proceso, desde los más pequeños hasta quienes han vivido más tiempo en este lugar, y por eso es intergeneracional.

Aprovechando la fecha, extiendo una invitación a recordar que la educación ambiental es la verdadera educación para la vida, y que ante un panorama como el de esta semana, que genera pesimismo e impotencia, siempre podemos recurrir a la ecoesperanza, que nos enseña que la vida siempre renace.

Por último, frente a comentarios desproporcionados y violentos que recibí esta semana, quiero anotar que se ha perdido la capacidad de disentir entre la posición del otro y atacarlo. Necesitamos empezar a construir una sociedad que respete la diferencia de pensamientos y reconozca su importancia en el marco de la democracia.

Así mismo, hago un llamado a apagar el fuego del odio en nuestros corazones, ya que para hacer la paz con el planeta es necesario hacer la paz entre nosotros.

FRANCISCO VERA
*Primer defensor por la acción climática para América Latina y el Caribe de Unicef

ESTE ARTICULO HACE PARTE DE LA COLUMNA PARA EL PERIODICO EL TIEMPO
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