2025 no nos venció

2025 fue un año intenso y difícil para la defensa de los derechos humanos y del planeta.
De esos que retan y desafian. Y justo por eso, en días como hoy —el último día del año— vale la pena detenernos, mirar atrás y reconocer todo lo vivio.

Fue un año desafiante en muchos sentidos, en medio de un contexto geopolítico hostil, violento e injusto. Pero también fue un año que nos recordó que lo que hacemos de manera colectiva importa, aunque muchas veces no parezca.

En 2025 seguimos tomándonos las calles, las aulas, los parlamentos y cada espacio posible para defender la vida, los derechos humanos y la dignidad.

Desde Guardianes por la Vida avanzamos desde la educación climática, ciudadana y ambiental. Llegamos a más de 1.200 niños y niñas en 14 departamentos de Colombia, gracias al liderazgo invaluable de las y los docentes de nuestra Red de Escuelas Guardianes por la Vida. Docentes que educan para la vida todos los días, muchas veces en silencio, sin aplausos pero sembrando conciencia en una generación —mi generación— que aprende a amar, cuidar y defender la vida.

En 2025 participamos en el proceso de evaluación del Estado colombiano ante el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas. En Ginebra alzamos la voz para decir evidenciar las violaciones a los derechos de niños y niñas defensoras del ambiente, del territorio y de los derechos humanos. Conocimos gente increíble que está defendiendo su territorio. Hablamos claro. Señalamos las omisiones del Estado. Y, aunque el proceso aún no termina —culminará en enero con la evaluación final—sabemos que nuestras voces fueron escuchadas.

En junio lideramos una Audiencia Pública en el 193° período de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para visibilizar la situación de la niñez defensora en América Latina y el Caribe. Fue una audiencia histórica que sentó un precedente continental y que sabemos que nos permitirá avanzar en la defensa de nuestros derechos.

Fuimos también testigos de la presentación de la primera Opinión Consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre crisis climática y derechos humanos, un proceso en el que participamos como Movimiento en 2024, aportando más de 1.200 opiniones de niños y niñas de Colombia que expresaron lo que nos mueve a luchar: el clima importa porque la vida importa.

Acompañamos además la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia en La Haya, donde se reconoció la equidad intergeneracional como un pilar de la justicia climática. Dos hitos que no llegaron solos, sino empujados por años de lucha, terquedad y organización colectiva, impulsados por jóvenes valientes de las islas del Pacífico que decidieron no aceptar la injusticia sino transformarla.

Sembramos árboles. Construimos huertas de la ecoesperanza. Reivindicamos nuestro derecho a habitar un planeta sano, limpio, digno y en paz, en un mundo que insiste en llevarnos de nuevo a guerras que creíamos superadas —y a las que mi generación no quiere volver—. Demostramos que incluso en los contextos más difíciles es posible levantarse y tomarse la injusticia como algo personal. Y que cuando nos ponemos de acuerdo y nos levantamos los cambios llegan.

Fortalecimos lazos de solidaridad con niños y niñas que viven los horrores de la guerra y el genocidio en Gaza. Promovimos procesos de educación ciudadana y climática en lugares tan diversos como Colombia, España y Japón, recordando que la defensa de la vida y del planeta no tiene edad, ni nacionalidad. Todos habitamos este planeta lleno de fronteras imaginarias.

Gracias a las y los docentes de nuestra Red de Escuelas Guardianes por la Vida, a quienes hacen parte del Movimiento y a todas las personas que sostienen la ecoesperanza y la usan como motor de cambio.

Deseo para ustedes un 2026 en el que hagamos la paz con la vida y entre nosotros, hijos e hijas de un mismo planeta.

Con Ecoesperanza y alegría.

Por Francisco Vera Manzanares

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